lunes, 11 de diciembre de 2017

El pequeño libro de la seducción


Este libro está escrito para poder entender el proceso de atracción y mejorar nuestras habilidades sociales aplicadas a la seducción de una forma realista, fácil, y para ambos sexos, pues hombres y mujeres somos más parecidos que diferentes en los tiempos que corren. Las interacciones sociales y las relaciones afectivo-sexuales fluctúan, acercándonos o alejándonos de las personas que nos atraen de una forma a veces casi «misteriosa». Para resolver esta incertidumbre, este libro enseña a «seducirse a uno mismo» primero, como una parte fundamental y previa basada en nuestro autoconocimiento y autoestima, para luego ofrecer «al otro» lo que somos de una forma atractiva y sin trucos.


Dice en la faja que rodea el libro que es la guía definitiva para ligar, gustar y provocar. Muchos habréis suspirado, otros os habréis frotado las manos. ¡Aleluya! Porque sí, no te preocupes si no has sido bendecido con unos irresistibles ojos verdes, con un cuerpo de escándalo o con la cara de Bella Hadid: para conquistar a la persona que nos atrae influyen (afortunadamente) otros muchos factores. ¿Cuáles? Pues sigue leyendo la reseña de El pequeño libro de la seducción, que escribe Luis Tejedor, de Egoland (ese gran imperio de libros, talleres y charlas dedicado a gustar a los demás y a uno mismo) y que publica Alienta, del grupo Planeta, para darnos las claves para establecer una relación afectivo-sexual satisfactoria. Sabremos, después de leerlo, cómo romper el hielo, cómo vendernos, cómo limar los desencuentros y, lo más importante, cómo estimular al otro para que quiera seguir conociéndonos. El tema, en principio, debería interesarnos a todos porque es una preocupación universal. Seguro que les suena alguna de estas preguntas: ¿Qué hago, me acerco? ¿Cómo me presento? ¿Qué le digo? ¿Y si no me sigue el juego? 
            Deja Luis Tejedor algo claro desde el principio. Que no hay milagros, que no hay trucos infalibles, que a veces no le gustas a la otra persona. Y punto. En esos casos, no hay nada que hacer, sólo que pases el bajón y que te busques otro objetivo. Pero otras veces, no jugamos bien nuestras cartas, no enseñamos nuestros puntos fuertes y no sabemos lo que él llama negociar con el/la que tenemos enfrente, y es aquí donde esta guía es tremendamente útil. Pues vamos manos a la obra –y contaré sólo un par de detalles para no destripar todo el libro–: se habla de que hay que llegar en tres aspectos, el emocional, el racional y el sexual, o de las tres C imprescindibles para que una relación afectivo-sexual llegue a buen puerto: carisma, conmover y convencer. Se insiste también en la necesidad de seducirse a uno mismo para seducir al otro. De hecho, hay una frase muy curiosa y que dice algo así como que ligar es seducirse a uno mismo delante del otro. La seguridad en uno mismo es fundamental. Y atención porque aquí llega otro de los puntos fuertes: el humor. Si consigues hacer reír a la persona que tienes enfrente, has avanzado muchísimo.
            El pequeño libro de la seducción da lo que promete: claves, reflexiones, consejos para establecer contacto con los demás. Está escrito de manera clara y sencilla, e incluye pequeñas historias donde ejemplifica lo que va contando. Todo el contenido del libro está supeditado a prestar ayuda a los que se sienten algo perdidos en esto de ligar. Y seamos sinceros: algunas de las reflexiones las hemos escuchado cientos, miles de veces, pero otras aportan una visión nueva, como por ejemplo ese capítulo en el que nos habla de la expectativa sexual que despiertas en el otro. Sí, cómo piensa el otro que serás en la cama.
            No existen los milagros, no, pero a veces no necesitamos un milagro para ligar sino simplemente un método. Y eso es lo que ofrece El pequeño libro de la seducción, una guía curiosa y sugerente sobre el enmarañado mundo de las relaciones personales. ¿Por qué nadie nos ha enseñado nunca a ligar? ¿No debería ser una asignatura obligatoria en el colegio? Si te has hecho alguna vez estas preguntas, aquí tienes la solución, o al menos una parte. Y al final, me queda un par de ideas en la cabeza, que nos divirtamos, que seamos graciosos y honestos, y que nos lancemos. Porque, ¿qué es lo peor que nos puede pasar, que alguien nos diga que no?
            Pues vale 

viernes, 8 de diciembre de 2017

Una noche de invierno


Una mañana fría de Navidad, una mujer de mediana edad hace balance de los trece años transcurridos desde que recogió a su niña en un orfanato ruso. Aunque no es precisamente el día más apropiado para rendir cuentas, el impulso de sincerarse y de enfrentarse a su propia decepción hace que madre e hija se enzarcen en una larga discusión en la que aflora el abismo que las separa. Bajo el fuego cruzado de amargos reproches, el vínculo amoroso, profundo e inextinguible, se presenta como el último recurso para superar la crisis y recomponer la relación. Sin embargo, en una jornada aciaga, mientras una feroz tormenta de invierno se abate sobre la zona, un acontecimiento inesperado condiciona de forma dramática la estabilidad de la familia.


El invierno llega siempre cargado de noches largas, frías. Las relaciones, sobre todo las más cercanas, las más íntimas, se congelan de vez en cuando por culpa de algún invierno largo, frío. Y uno no puede hacer nada por evitarlo. En esos casos, los únicos refugios válidos son la luz y el calor, un abrazo. Así de sencillo. Así de complicado. La nieve bloquea las puertas de las casas y también los afectos. Las tormentas no sólo cortan las carreteras sino también la capacidad de comunicarse. El frío del paisaje y el frío del corazón en una misma estampa. Ya se imaginan ustedes de qué vamos a hablar en la reseña de la historia de hoy, una de las últimas apuestas de la exquisita editorial Salamandra, donde nos trasladamos a un particular día de Navidad en el que una madre y su hija (adolescente y adoptada) se sinceran, se pelean, se derrumban y, al final, se rinden. Dos mujeres deciden poner en orden sus recuerdos, airear sus rencillas mientras fuera la nieve lo cubre todo, las deja incomunicadas. Hoy hablamos de Una noche de invierno, de la escritora Laura Kasischke, que ha recibido el Gran Premio que otorgan las lectoras de la revista Elle.
            Imagínense el escenario. Es el día de Navidad y la protagonista se ha levantado tarde, tardísimo. Su marido ya ha salido, en dirección al aeropuerto, para recoger a los familiares que se unirán al almuerzo y su única hija está de un humor de perros, especialmente hostil. Una fortísima tormenta de nieve dinamitará los planes navideños y dejará a las dos mujeres incomunicadas, solas, asustadas. Y es ahí cuando se desata la verdadera tormenta: madre e hija les ponen palabras a sus sentimientos por primera vez. Salen los miedos, las rencillas y los reproches; salen las decepciones, los lamentos y las tristezas. Todo sale en esta historia estimulante pero también claustrofóbica que obliga al lector a presenciar este choque entre madre e hija, del que ninguna de las dos saldrá indemne. Una noche de invierno va más allá porque no sólo aborda la maternidad sino aspectos más profundos como la adopción o el encuentro de unos padres con un hijo extraño. Y va lanzando reflexiones que se van quedando en el lector: Nadie nace sin una herencia, del tipo que sea. ¿Con qué herencia habrá nacido Tatiana, la hija adoptada en un orfanato de mala muerte en Rusia? Y es esa parte misteriosa la que va enfriando el ánimo de la madre. ¿Cuál es nuestro destino? ¿Podemos escapar de él? 
            No saldrán de esa casa. Hablo de las protagonistas y de los lectores. Toda la novela –tiene poco más de 200 páginas- de desarrolla en ese hogar en el que tendrán que permanecer a la fuerza, en contra de su voluntad. El exterior es hostil, pero no más hostil que el interior. La historia, que a veces tiene visos de obra de teatro, está concebida como un viaje del presente al pasado, como una acumulación de emociones no resueltas, como un intento de congraciarse con la propia experiencia vital. El estilo es dulce y suave, de gran calado, tiende a la poesía y a la descripción, a la belleza en todo momento. No hay grandes dosis de acción, no hay grandes artificios. Todo es diálogo, ¡y qué diálogos! Y les aseguro que tiene uno de los finales más impactante que he leído en años, algo así como una avalancha que te sepulta y que te deja inmovilizado, al borde del colapso.
            Prepárense, porque las noches de invierno llegan y lo mejor es que nos cojan preparados. Una madre. Una hija adolescente, adoptada. Una nevada. Y mucho pasado. No hace falta nada más para meternos en esta noche larga y fría. Y no podrán salir, no querrán hacerlo, porque a pesar de la tormenta y los reproches siempre queda una pregunta: ¿hay algo más curativo, más incondicional que el amor de una madre? Lean esta historia contundente y raramente bella porque lo que sé es que no les dejará fríos. Y en cuanto la terminen se sentirán un poco más huérfanos.
 

miércoles, 6 de diciembre de 2017

Mapa de una ausencia


Es una novela de gran madurez que afronta, con una dulzura melancólica pero no carente de ferocidad, temas graves y universales. Es la historia de un abandono y, al mismo tiempo, de una iniciación, de una pérdida de las ilusiones y de una educación sentimental. Cuenta las vicisitudes de un personaje, pero también las de dos países, Italia y Rumanía, donde los empresarios italianos han trasladado sus fábricas por conveniencia. Nos habla pues de la extraña Europa de hoy, que se presenta como el faro de Occidente aunque en ella la iniquidad campe por doquier.



ACTIVIDAD DEL DÍA: coja lápiz y papel, enciérrese en un lugar tranquilo, alejado del alboroto y de las interrupciones, desconecte el móvil y dibuje su mapa de las ausencias. Tómese su tiempo, sé que no es fácil. Usted piensa, rememora, se va muy atrás en el tiempo y empieza a apuntar todos sus huecos, los vacíos que algunas personas queridas fueron dejando. Pasan los años y aumentan los ausentes. Procura que no se le quede ninguno atrás, que nadie quede en el olvido. No sería justo, todos merecemos que nos recuerden. Llega hasta el día de hoy, hasta ahora mismo, y mira el resultado: un mapa de las ausencias lleno de despedidas: el ejército de los invisibles. Quizás llora, quizás decida que ha sido una mala idea esto de ponerle nombre a los que echa de menos, pero tiene una cosa clara: que igual de importantes son los que están que los que se fueron. Guarde el mapa en algún lugar secreto, sólo suyo. Y el que ha hecho este ejercicio de poner en orden sus recuerdos de una forma pública ha sido Andrea Bajani, el escritor italiano que publica en la colección Nuevos Tiempos de la editorial Siruela Mapa de una ausencia, una historia concebida como un homenaje a una madre, a la del propio narrador protagonista, que se lleva toda su vida viendo cómo lo deja solo. Olvidado. Abandonado.
            Empieza esta historia con el viaje del protagonista a Rumanía desde Italia para asistir al entierro de su madre, a la que hacía años que no veía. Es este hecho –con todo el ritual que implica: el funeral, el pésame, el entierro, la recogida de sus efectos personales- la excusa perfecta para recordar, para hacer justicia con su vida y para darse cuenta que su madre llevaba ausente mucho antes de su muerte. Es más, que ella, la mujer que lo parió, lleva huyendo de su hijo casi desde que él tiene uso de memoria. Y es entonces cuando el protagonista le pone palabras a su dolor: los viajes larguísimos e imprevisibles de su madre, las llamadas telefónicas que se iban espaciando cada vez más, las promesas que nunca se cumplían, los silencios, los aviones y los desplantes, la esperanza de que algún día volvería, una cosa en la que ella nunca estaba. Y comprende que su mapa de las ausencias está poblado por un gran y único país, que es su madre, que no puede dejar de visitar. Todos los recuerdos llevan a ella. Todos los viajes terminan en ella. 
            Como habrán podido intuir es un libro íntimo y tierno, centrado en la relación de una madre con su hijo –o mejor dicho, en la falta de relación de una madre con su hijo-, que está estructurado en capítulos cortos y en los que se mezcla presente y pasado. Sobrevuela sus 170 páginas un concepto omnipresente: el asombro de un niño (después será un hombre) ante una madre que huye. El estilo, cuidadísimo, pulido hasta el extremo, apunta a lo poético, se preocupa por la palabra exacta, por el ritmo corto, casi azoriniano. Y encima, está escrito con una gran sensibilidad, con el corazón al descubierto. El argumento se plantea como un viaje a Rumanía, pero no es más que un viaje hasta el perdón, que un ejercicio de reconciliación con la que vida que le ha tocado vivir. No hay grandes escenas dramáticas, no encontramos giros argumentales imprevisibles. De hecho, casi no hay acción, es sólo el funeral y todo lo que precede a su muerte. Es el vacío antes incluso de su desaparición física.
            Mapa de una ausencia es un libro recogido y doloroso sobre un hijo que echa de menos a su madre y sobre una madre que decide que su vida está lejos de su hijo. Es también un libro sobre dos países, Rumanía e Italia, en dos puntos muy diferentes de su desarrollo. Y esta historia, parecida a un puente invisible y enclenque que une de los dos universos, está lleno de dolor y de incomprensión, de esa sensación de estar siempre buscando algo. Y es lo que tienen las ausencias, que nunca se llenan, que uno sólo puede acomodarlas en su vida, como sea. Tienen aquí un libro tremendamente emotivo, bellamente escrito, sobre un grito de auxilio de un hijo, sobre un hombre sin madre. Ah, autores como Vila-Matas o Tabucchi ya han hecho públicas sus alabanzas hacia este libro.